Una de las peores sensaciones para quienes se ponen al volante de un vehículo es vislumbrar un riesgo y no ser capaces de evitarlo. Bien por falta de habilidad, o bien porque el coche no responde a sus órdenes.

Afortunadamente, la industria del motor lleva tiempo incorporando tecnologías de asistencia a la conducción que añaden seguridad y se anticipan a parte de los peligros. Cámaras que detectan un obstáculo imprevisto en la carretera, sistemas de mantenimiento de carril o luces adaptativas (las que siguen la trayectoria del coche), son sólo algunos ejemplos.

Los conductores suelen fijarse en estas innovaciones –algunas de ellas será obligatorio incorporarlas de serie a partir del próximo año–, pero no tanto en las que les mantienen pegados al suelo, al asfalto, y que hacen que su vehículo gane en estabilidad, agarre y frenada: los neumáticos.

Esta pieza del automóvil está sujeta a una regulación muy específica. Tanto es así que desde el 1 de noviembre de 2012 es obligatorio que todos los neumáticos nuevos que se comercializan en la Unión Europea tengan un distintivo con información acerca de la eficiencia en el consumo energético del vehículo, la adherencia en caso de frenada y el ruido exterior que producen.

Unos valores que varían en función del tipo de neumático y se han ido actualizando durante este tiempo. El último cambio se ha producido en mayo de este año.
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